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viernes, 13 de julio de 2012

Una Libélula entre Arañas



Cuando el riachuelo no está cerca, buenos son los praos sin segar 
que rebosan de especies que capturar.
Tardes eternas de caza.













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jueves, 2 de junio de 2011

Nando lidera la Caza




Poco a poco la algarabía se convierte en alegres silencios con rumor de agua y de brisa jugando con las hojas en los árboles.

La paciencia aminora los movimientos con ayuda de la prudencia.
La concentración toma cuerpo en sus rostros.

Al compás de la naturaleza, el cuerpo va tomando el ritmo de lo que le rodea, como si ambos se agarraran suavemente para bailar un vals que conocen desde siempre. El mismo ritmo que acompaña el riachuelo, donde los posos van fijándose, despacio, al fondo, dejando correr el agua cristalina.
Muy lejos de la taquicardia diaria que nos tiene las aguas revueltas y los sedimentos desordenados.





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lunes, 30 de mayo de 2011

Vuelta a la Caza



Es algo que viene todos los años cuando los abrigos se van al olvido.
Con el alboroto se vuelven mudos los pájaros, los tritones y renacuajos buscan en el riachuelo los tonos más oscuros que las sombras de los viejos castaños dejan en el agua. Los niños lo saben... y así el juego está completo.
Castaños y helechos. Renacuajos y tritones.
Fuente y sombra.
Algo irresistible.


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viernes, 13 de agosto de 2010

La Caza del Tritón II...El viaje



Sería restar demasiado a la historia si os dijese: '...y al fín llegaron al mismo nacimiento del río, en medio de la jungla...'.
Aunque también sería añadir algo.
No mucho, la verdad, porque el riachuelo les parecía el Zambeze y los castaños hacían el resto.







Porque antes de guardar el equilibrio sobre el musgo de las piedras viene el camino a recorrer, prueba más dura que la misma caza.











Habrá que subir montes...















...Tendrán que bajarlos...





...Y pasar una última prueba que, por eso de serlo, pone fin al camino y resulta definitiva.












La impaciencia quedó atrás, en el viaje.







Comienza la cacería.







lunes, 9 de agosto de 2010

Caza del Tritón I ... La Danza del Hórreo



Para la caza del tritón, antes de ser un hombre, necesitas de la presencia de uno (en este caso yo mismo) que acompañe a la expedición. Sobre todo para la tranquilidad de las madres que se quedan preparando la comida.
Ante el anuncio del comienzo de la cacería en el tiempo en que se tarda en tomar un café, el grupo se sube al hórreo más cercano. Y no es que los hórreos se encuentren por doquier en estas tierras, que también, pero con la misma frecuencia que las casas en el campo.






Encontrar explicación a tal comportamiento podría llevarnos al origen mismo de la cacería, allá donde ni hórreos había aún. A las costumbres de los que partían a cazar sin saber si regresarían.
Esas costumbres que acabaron elaborando una alegre despedida, menor, eso sí, que la de bienvenida.

Desde arriba todo se ve diferente.







Comienzan por recorrer el corredor. Primero andando. Una vez reconocido el terreno le siguen los juegos, el esconderse, el salir corriendo siendo el primero de la fila hasta que alcances al que va el último...






...O frenarse en una esquina cuando vas cerrando el grupo y salir pitando en dirección contraria para dar un buen susto al primero.

Tantos juegos en un simple corredor.







Como si supieran secretamente que el café se apura y la cacería pronto empezará, se hace el silencio. Poco a poco los pasos se van acompasando mientras todos caminan en fila, vuelta tras vuelta. Sólo se oye el ritmo de sus pasos.





Las pisadas son cada vez más fuertes. Ya son como tambores. Su ritmo sube por el riachuelo haciendo callar al resto de criaturas. Y hasta allí no tardan en llegar sus voces, que inundan toda la orilla.












En los alrededores sólo se eschucha: 'Tu-Ta-Te-Ti-To, TuTa-TeCHO'...Una y otra vez...

Es cierto que no me moví mucho mientras era testigo de la ceremonia, pero no hacía demasiada falta. Además, quedé como hipnotizado.
Sólo repetía mentalmente: ?Tu-Ta-Te-Ti-To, TuTa-TeCHO'....