jueves, 29 de julio de 2010

La migración de los pies




Es lo que tiene el verano, que los mismos pies, como si de una autonomía de tu cuerpo se trataran, deciden seguir 'no sé qué' instinto migratorio y quieren irse por su cuenta. Liberados de cualquier atadura superior a las chanclas, es decir, descalzos a poder ser. Y siguen las baldosas amarillas, las cianes y hasta las que lucen chicles agarrados como percebes. Da igual.
Pocos ceden al deseo de sus pies, por éso pocos saben a dónde quieren ir. Imagino un lugar tan solemne como los cementerios de elefantes en las películas de Johnny W. y tan festivo como pienso que son algunas playas del caribe.
Los que se dejan llevar por sus pies...nunca he hablado con los que se dejan llevar por sus pies.
Siempre he tenido curiosidad por saber dónde me llevarían los míos. Nunca les he hecho mucho caso, hasta hace poco.

4 comentarios:

  1. Ese gesto a punto, a punto de tocar la superficie del agua con la punta de los dedos. No es que te lleven los pies: es que no hay que presentar tanta oposición a la corriente.

    Estás en plena forma, Josh. Como disfruto.

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  2. mi problema no son mis pies, es mi cabeza. la pierdo, da vueltas, a veces incluso quiere sentarse...pero nunca lo consulta antes conmigo. y a veces, irónicamente, dejarse llevar toma demasiada energía y esfuerzo.

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  3. Seguramente, Elisa, seguramente sea el invierno.
    Aquí, ya ves, hasta los maniquíes se descalzan.

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